Los valores de la lucha, cada día más necesarios

El Muay Thai se ha ido convirtiendo poco a poco en mi vida. Desde luego no es lo único que tengo pero, creo que me ha convertido en quien soy y seguirá haciéndolo, espero, toda la vida que me quede. Simplemente me encanta, me parece maravilloso; Una lucha es emocionante, difícil, a veces inexplicable a veces pura lógica, con una belleza pura y nacido en un país con una cultura y una filosofía fascinante y encima practicado y enseñado por gente de lo más encantadora que he conocido.

Pero sobre todas estas bondades, creo que destaca por encima de todo la cantidad de enseñanzas que, adquiridas durante el aprendizaje de este deporte, me van a servir para toda la vida. Es más, para construir la vida que quiero vivir. Por que no vale vivir cualquier vida, dejarse llevar y arrepentirse cuando es ya demasiado tarde. La vida hay que construirla, pensarla, reflexionarla y lucharla. Y creo que en eso el Muay Thai es lo que más me ha aportado, el tiempo dirá si tengo o no razón.

Este no es, en definitiva, un artículo al uso en esta página. No hablaré sobre las tradiciones del deporte, sobre su cultura ni sobre sus explendidos campeones. Vamos a olvidarnos de todo eso, solo un ratito, para mirar todo con una perspectiva más a largo plazo. Cuando los viajes a Tailandia a entrenar 6h diarias en «vacaciones» se acaben, cuando mi luchador favorito se retire, cuando mi cuerpo ya no aguante ni dos asaltos en los paos, ¿Qué me quedará del Muay Thai?

La necesidad de la lucha, y luchar, en nuestro tiempo

Creo que es cada vez más evidente la flojera que tenemos en nuestros tiempos. Más la gente joven aunque también en personas de 40 o 50 años, no tan jóvenes ya, y muchos niños y adolescentes.

Acostumbrados a la recompensa por cada cosa bien hecha, a tener todo al alcance de la mano. Criados en el halago y el premio constante. Crecidos en la sociedad de la tecnología que nos permite tener de todo y tenerlo ya. Hemos cambiado la filosofía y el razonamiento por los libros de autodaño que nos apremian a esperar a que todo ocurra sin mover un dedo, ya que nosotros somos seres únicos y maravillosos. Bombardeados además por un marketing que nos recuerda lo felices que seríamos con un coche nuevo y una crema antitodo. Pero siempre menos felices que el vecino, que le he visto su instagram y menudas vacaciones que se pega, además él no tiene granos, ni se le caen los pechos, desayuna en terrazas al sol y además no parece madrugar.

Seguro habéis escuchado el dicho aquel que recuerda que tiempos difíciles traen personas fuertes, personas fuertes traen tiempos fáciles y finalmente tiempos fáciles crean personas débiles. Pues bien, hemos estado viviendo en tiempos fáciles, y se vienen chungos parece, necesitamos gente fuerte, no hablo de músculo, hablo de mente. Gente luchadora.

En definitiva que estamos insatisfechos y no hemos desarrollado el hábito, porque es algo de cultivar a diario, para sobreponernos a las dificultades de la vida de verdad. No la vida de disney que nos vendieron, sino la vida de madrugar, de fracasar y de pegarse años para conseguir, o no, un objetivo. Joder si es que todo me recuerda a una carrera deportiva en el Muay Thai.

te vas a caer pero, si te levantas, será más fuerte
te vas a caer pero, si te levantas, será más fuerte

La función del Muay Thai

Yo en el Muay Thai he visto muchas cosas, he vivido algunas en mi propia piel y me han contado otras tantas. El Muay Thai es el ejemplo perfecto de que todo lleva su tiempo, un esfuerzo y su dedicación. No hay fórmulas secretas ni trucos para saltarse escalones. Además, a nadie le sorprenderá, los traspiés y los errores duelen. Duelen en la mente y también duelen un tiempo en el cuerpo, hablo de narices, tibias, costillas, cortes, muslos hinchados o la frente con un par de huevos por defender con la parte equivocada. Algo bueno tiene esto y es que se hace más evidente que algo no has hecho bien, que tienes que seguir mejorando.

El Muay Thai es sin duda difícil. Requiere muchísima práctica y como en todo te encuentras con compañeros más talentosos que tendrán que esforzarse menos, otros sin embargo necesitarán muchas más horas para hacerlo igual, o incluso seguir haciéndolo peor. Suena injusto, ¿Verdad? pero es que la vida es así.

Si la vida fuese un combate, algunos sabréis del cansancio que se soporta a veces encima de un ring. Los nervios y la tensión, el dolor al que te tienes que sobreponer y, también, la frustración que trae un rival que te hace fallar una y otra vez. Si conoces eso seguramente también hayas conocido el grandioso premio de superar todo y ganar el combate, o incluso perder pero ser capaz de luchar con tu corazón y superar la prueba. Pues eso creo que será la vida, pero en vez de durar 5 asaltos durará varias décadas. Imagino que, para una vida que tenemos, merece la pena luchar y disfrutar los pequeños premios y logros que nos ganamos. Pero es difícil luchar cuando nunca has tenido que hacerlo antes.

Además, al ser un deporte de categoría de peso, el Muay Thai te obliga a privarte de cosas. Te enseña a que a ti te apetece pizza pero comes alcachofas, y te acostarías a las 3 de la mañana tomando cervezas con los amigos pero te duermes a las 11. Porque sino vas a rendir peor. Te enseña a que «quien algo quiere algo le cuesta», un maravilloso refrán que nuestra generación ha olvidado.

Y lo mejor de todo, y más duro también, es que después de todos estos años de aprendizajes, sacrificios y esfuerzos, todo acaba. Tu carrera deportiva acaba, probablemente no hayas llegado a ser campeón del Lumpini como soñabas, da gracias si has ganado algún título local o has podido viajar a hacer unas cuantas peleas en el extranjero. Pero todo lo aprendido si te lo llevas, te lo llevas puesto, en tu carácter, y créeme amigo que eso te va a durar para siempre. Y con suerte se lo trasmitirás a los tuyos. Y vendrán entonces personas fuertes para cambiar los tiempos.

Todos nuestros privilegios jugarán tarde o temprano en nuestra contra. Disfrutarlos, si. Dejar que nos dominen, cuidado.

El Muay Thai en Tailandia, y en algunos otros sitios también

Y es que la cultura de nuestro deporte no se puede separar de la cultura del país que lo desarrolló. Los valores propios de la lucha no son los únicos que podemos robar de nuestra etapa como aprendices de Muay Thai. En Tailandia hay valores que se ven super representados en su deporte nacional entre los que destacan el respeto a los mayores, la humildad a pesar de los éxitos y el camino ultra largo que supone llegar a ser un boxeador de cierto renombre.

El respeto y agradecimiento para aquellos que dedican su tiempo y su esfuerzo a enseñarte es algo muy propio del Muay Thai en Tailandia. Los Krus o Ajarns se esfuerzan mucho por que llegues a ser incluso mejor que ellos, por ahorrarte sus errores pasados y conseguir que puedas adquirir en un tiempo todo lo que ellos tardaron una vida en aprender. Sería algo absurdo olvidarte de ellos cuando crees que ahora tu «sabes más» que tu maestro, ¿no? Lo mismo ocurre con tus padres, tus hermanos mayores y aquellos guías que has tenido en tu desarrollo como deportista y como persona.

Responsabilizarse de uno mismo

Otra actitud propia de personas que no son capaces de luchar es culpar a los demás de aquello que les sale mal. Al final es una actitud de autoprotección, errónea, pero casi natural. Pocos, y cada vez menos, son los capaces de mirarse al espejo y reconocer la responsabilidad propia sobre su situación. Pero en el Muay Thai tu eres responsable de gran parte de tus éxitos, y de tus errores.

Sin obviar la ventaja que es rodearte de un buen equipo, un buen entrenador, tener incluso algo de suerte en algún combate o caer en gracia a un promotor, gran parte de todo el camino que te lleva a que eso tenga efecto es tu responsabilidad. De nada sirve tener un gran entrenador si no te levantas cuando suena el despertador pronto por la mañana para correr. Puedes tener un buen manager pero si no eres capaz de controlar tu dieta y bajar el peso pocas oportunidades aprovecharás. Si no eres constante en tu entrenamiento, si no sufres en los asaltos en el saco o en los pads o aguantas los agarres del clinch da igual si tus compañeros son mejores o peores.

Ajarn Pipa, de sus esfuerzo salió una generación de leyendas. ¿Sería justo que Saenchai o Lerdsila se olvidasen de él?

Tu eres responsable de la mayoría de cosas que te ocurren. Ni el universo, ni los «haters» que te tienen envidia, tampoco el árbitro ni la mala suerte. Tropiezo tras tropiezo, en el Muay Thai, aprendes a cumplir con tu parte, a responsabilizarte, y eso te hace más fuerte, te hacer tener control sobre tus objetivos y, aunque suene a todo lo contrario, te hace una persona feliz. El otro día leí en algún sitio que una persona feliz es una persona satisfecha con lo que hace.

Nunca es tarde, pero mejor lucha pronto

Cuando somos niños se forja nuestro carácter, se instauran muchos hábitos que serán para toda la vida, tenemos energía, las lesiones atacan menos y encima conservamos la ilusión por aprender. Aprender Muay Thai de niño es un regalo.

Nunca es tarde, yo empecé a los 20 y aun practico con compañeros que empezaron a los 40. También nos ayuda en esos momentos, pero ¿lo que habríamos dado todos, ahora mirando hacia atrás, por haber empezado antes? Si te crees que el muay thai te hace violento o pone a los niños a pegarse en el cole entonces abandona esta página, probablemente seas un mamarracho básico y sin perspectiva de nada. Póngase el fútbol y el programa del corazón.

Si continuas aquí apunta a tu hijo a Muay Thai. Déjale caerse y ayúdale a aprender. Estoy hastiado de la sobreprotección y el embobamiento que tienen los niños y niñas, todo el día en la pantalla y llorando o en depresión por cualquier bobería. Nos falta carácter, Huachai (corazón) como dicen los Tailandeses, nos falta haber aprendido a luchar.

Pero a esto se aprende, además se aprende cagándola sobre todo. Deprimiéndose, con momentos de bajón, con dolores, con frustración. Pero es mejor que esto ocurra haciendo deporte y nos sirva como aprendizaje, como experiencia, a que ocurra cuando pensamos tener la vida encarrilada y nos meta en la mierda a veces de manera irresoluble. Porque como en todo en la vida, la cosas dependen de una perspectiva, y las experiencias y vivencias nos darán un muchísimo mejor punto de vista.

Mi abuelo decía esta frase que me decía después mi padre a mi:

«Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una ac­ción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino»

Desconozco el autor y es lo de menos, pero qué necesario es ahora esto en nuestra sociedad actual. Necesitamos luchadores y luchadoras, que vienen asaltos duros y hay que estar listos.

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